La senda del caminte silencioso

Imagen referencial creada con Inteligencia Artificial

En las entrañas de la noche, donde la luna se oculta tras el velo del olvido, despierta un ser imbuido de sombras, esencia de polvo y quebrantos, cuyos pasos arrastran las ruinas del pasado.

Veste una túnica negra tejida con las penas de la desesperación. Dos cuencas oscuras se asoman en su pálido rostro, vomitando en silencio estrellas muertas. En sus manos, sostiene un bastón formado por las raíces de un árbol muerto, testigo de su decadencia.

A su paso, las sombras tiemblan, murmurando nombres que la humanidad jamás pronunció. En su horizonte, la tierra se funde con su túnica y el cielo sombrío, mientras observa las ruinas de un mundo vivo que jamás conocerá.

Sin nombre, pues su existencia es la ausencia misma, que se alimenta de memorias rotas, de los sueños de quienes no despertaron. Marcado en su agonía, eterno desvelo, es reflejo de un pozo sin fondo, y arrastrando lleva los ecos del tiempo.